Ya os explicamos nuestra aventura con el autobús 257 hace unos días. En ella estuvimos a punto de vivir un muy mal momento, pero nos salvamos gracias a una buena persona. Nosotros nos sentíamos afortunados y pensamos que ahí había acabado todo… pero no, la venganza del autobús no se hizo esperar y me tocó a mi.
En mi condición de casi-jurista, a solo 9 créditos de libre elección y una optativa de licenciarme, tengo que ir a Barcelona a borrar ese “casi” para siempre. Es lo que tiene que eso de internet no se lo crea nadie y haya que hacerlo todo calentando silla en la universidad. Así que me cogí unos billetes de avión para llegar un día antes del primer examen e irme un día después del segundo y ultimo, la única pega era que entre medias había 14 días… Pero ya no estamos para exquisiteces, así que tenía que dejar aquí sola a Lorena.
Mi avión salía de Arlanda (Estocolmo) a las 08:30, así que cogí el primer autocar que pasaba por la madrugada y me dejaba allí con media hora antes de que se cerrara el check in. La única pega es que salía de Linköping a las 03:30… la misma noche que se jugaba el Barça-Madrid. Pero como ya he dicho, llega un momento de todo universitario en que sabe que hay que dejar de serlo, y cuando ya han pasado dos años de ese momento aceptas un mayor precio por ello. La primera pieza del viaje era coger un autobús 257 a las 03:01 que me dejaba en la estación de autobuses a las 03:17. Así que todo el viaje cuadraba y con cierto tiempo entre cada paso para retrasos y sorpresas… estaba seguro de que a las 12:00 del jueves estaría en Barcelona, a 24 horas del primer examen.
Después del partido y con todo preparado para levantarme y salir, nos acostamos. El despertador estaba puesto a las 02:10, pero no hizo falta: yo no me llegué a dormir repasando el viaje en mi cabeza y estando seguro de que todo estaba bien. Cuando sonó me levanté y me acabe de preparar antes de comerme a besos a Lorena, a menos cuarto salí de casa porque aunque la parada está a 3 minutos de casa quería hacerlo todo de la forma más segura posible.
Llegué a la parada a menos diez y los nervios ante el viaje hicieron que no sintiera el frío (-3º) que hacía, y allí esperé a que llegara el autobús. Pero no llegó.
Es difícil aceptar que no va a pasar, porque ello significa que no vas a ir a Barcelona, y porque siempre tienes la ilusión de que se haya retrasado un poquito. Hasta que fueron las 03:15 y vi claro que aunque llegara no me daba tiempo a coger el autocar, tuve que aceptarlo. En ese tiempo no pasó ni un coche por la calle, ni una persona…. me planteé llamar a un taxi para que me llevara a la estación pero ya era demasiado tarde. E ir en taxi hasta Arlanda no es una opción: estamos a 250km. Me quedaba en tierra: había perdido el autobús que me hizo perder el autocar y que me haría perder el avión.
Volví entre la nieve arrastrando la maleta y sin sentir el frío, solo notaba como se enfriaban mis lagrimas de impotencia sobre mi cara. Al llegar a casa me di cuenta que tenía otro problema: había dejado las llaves en casa y Lorena ya estaba durmiendo con el iPhone en silencio… y aquí no hay porteros automáticos. Me vi pasando 5 horas en la calle hasta que alguien del edificio bajara y abriera la puerto para poder picar al timbre de la puerta del piso. Por suerte me había bajado LogMeIn hacía unos días y subiendo el volumen del iMac y gracias al traductor de google con su voz metálica que pronuncia las palabras conseguí despertarla a los pocos minutos y subir a casa. Me abrazó, besó y consoló. En ese momento estaba en shock y tardé un tiempo en cagarme en todo, especialmente en mi mala suerte.
Dejé que Lorena se acostara pronto, y yo me quedé en vilo viendo Top Gear (amo a esos locos ingleses) hasta que el sueño pudo conmigo, me acosté y a las pocas horas sonó el despertador para llamar a casa y avisar de que había pasado. En ese momento me mataba imaginarme a mi padre esperando en el aeropuerto a que su hijo llegara de Suecia y que no lo hiciera. Mi padre lo entendió y mi madre hizo lo que ya esperaba que hiciera… a los días y gracias a skype me enteré que pensaba que le estaba mintiendo. Pero bueno, mi madre es un tema que daría para más de 1000 palabras y muy pocas serían propias de un buen hijo.
Tarde menos de lo que pensaba en superar el mal rato por quedarme en Suecia. Pensé que muchas veces dices “ojala me hubiera quedado en casa” o cosas así… así que quizás había sido para mejor, y como nunca lo voy a saber pues mejor creer que ha sido para bien. También ayudó darme cuenta de que podía ir igualmente a Barcelona a hacer otro examen el mismo día del que ya tenía pensado hacer (me matriculé en varias asignaturas de más por lo que pudiera pasar… uno ya empieza a ser consciente de su mala suerte), así que el domingo iré a Barcelona.
Bueno, iré si la nieve lo permite… que parece que la cosa se está poniendo complicada. No me asusta que la nieve lo impida en Arlanda, llevo el tiempo suficiente en Suecia para saber que este país se cierra por las noches pero no por la nieve. Es decir, todo lo contrario que Barcelona…. y eso es lo que me da miedo, que sean capaces de cerrar Barcelona por un par de copos de nieve cuando en Navidades aterrizamos y despegamos sobre el nevado y modesto aeropuerto de Linköping. En cualquier caso eso será tema para otra entrada de 1000 palabras sobre mi mala suerte ;P.












