Sé que no me conoce, que ni siquiera sabe de donde soy, pero aún así necesito decirle gracias. Es cierto que ya lo hicimos tanto Lorena como yo, ese tack! fugaz, y que después le miré con la mayor sonrisa que pude mientras las puertas del autobús se cerraban. Pero nuestro agradecimiento es tan grande que necesita ser explicado… aunque seguramente usted nunca sepa de ello.
Todo empezó mucho antes de nuestro primer cruce de miradas. Nosotros, la chica tan guapa que me acompañaba y yo, somos de Barcelona (si, ya imagino que usted como todos los suecos ya la han visitado alguna vez y la aman) y estamos este año viviendo en Suecia. De hecho ya llevamos unos cuantos meses aquí. Hasta ahora lo hemos hecho en dos pisos diferentes de Linköping, y justamente esta semana habíamos empezado la mudanza desde el segundo al que será el tercero y quizás el último.
Eso significa que aquella no era la primera vez que íbamos en autobús… de hecho según nuestras cuentas hemos estado en unos 35 autobuses esta semana debido a que desde el viejo piso (en Tannefors) hasta el nuevo (en Lambohov) hay que hacer intercambio de autobús en la estación. De hecho aquel mismo día (Viernes) aquel era mi octavo autobús, ya que mientras Lorena acababa de limpiar el piso que dejábamos yo seguía transportando nuestras pertenencias.
Eso quizás le sirva para saber que llevábamos con nosotros entre esas dos maletas, dos bolsas de mano, una mochila y una bolsa del ikea azul grande: lo último que debíamos llevarnos a nuestra nueva casa antes de finalizar la mudanza. La mudanza que hemos hecho desde el día siguiente de llegar a Linköping y visitar a nuestros padres por Navidades y que iba a concluir en aquel viaje en que nos conocimos.
Aquel viaje, usted lo recordará pero creo que es importante exponerlo, era en la linea 257 de Östgöta Trafiken. Una línea nocturna que une la estación de autobuses con Lambohov. Y que era la primera vez que cogíamos, porque nunca habíamos viajado tan tarde (era las 11 cuando lo cogimos). También hay que decir que el hecho de que sea una línea nocturna es una rareza, ya que como usted sabe la mayoría de líneas continúan de noche pero con una frecuencia menor. En cambio, para ir a Lambohov las líneas 12 y 20 se fusionan de una forma rara dando lugar a la 257 que hace un recorrido muy diferente.
Ese recorrido es diferente hasta llegar a Lambohov (va por Garrisonen en vez de por Valla y cuando pasa por la Universidad lo hace de Este a Oeste en vez de en sentido Norte a Sur) pero cuando se convierte en una locura es cuando llega a Lambohov ya que entra por un lugar diferente (por Lambohov Center) y gira entorno al barrio en sentido contrario al usual (y al de las agujas del reloj). Eso hizo que pronto viéramos que no iba a pasar por nuestra parada (que está junto a Lambohov Center) y pensáramos en bajar en la siguiente aunque tuviéramos que andar un poco más… pero sabíamos que también pasaba por nuestra parada y el frío y el cansancio nos hicieron quedarnos en el autobús.
Poco después nos conocimos, el autobús había dado una tour turístico por Lambohov hasta llegar al final y dos paradas después usted se subió. Allí fue cuando usted descubrió (nosotros ya lo intuíamos) que el conductor era un gilipollas (cualquier eufemismo sería excesivamente impreciso para esta descripción de nuestra vivencia). Usted lo sabe, y nosotros después de tantos viajes esta semana también, que no es algo común entre el gremio de conductores de autobús, pero algunos hay y este parecía estar allí para dar lugar a lo que luego pasó.
Cuando usted intentó picar el billete la maquina dio error varias veces, y le consultó al conductor y este se puso borde al explicarle el problema, así que al final tuvo que probarlo 3 o 4 veces más mientras consultaba con él que pasaba. Al final lo consiguió y cuando pasó junto a nosotros de camino a su asiento nos hizo un comentario en sueco. Nosotros no entendimos las palabras pero por el contexto supimos que estaba en lo cierto y le devolvimos la mirada con una sonrisa y varios gestos significativos con la cabeza.
Poco después el autobus estaba cerca de salir de Lambohov, yo que soy el que tiene sentido de la orientación en la pareja empecé a levantar la cabeza e intentar ver por la ventana si faltaba mucho o poco para nuestra parada que es Isberget. Pero la negra noche sueca (hace pocos día unos malvados duendes nocturnos nos robaron la nieve que había sobre las calles de Linköping y que de noche reflejaban la luz de las farolas… sobretodo cuando también había niebla) junto con la luz del autobús y llegar desde una zona desconocida hasta ese momento a nuestra parada lo dificultaban demasiado. En estas ocasiones va genial consultar el cartel luminoso que hay dentro de los autobuses y que anuncia la próxima parada, pero en aquel vieja iba des-sincronizado de la realidad por lo que no servía de nada.
Sin embargo por varios detalle fui capaz de darme cuenta que nos acercábamos a Isberget así que como usted vio avisé a Lorena y nos levantamos rápidamente mientras apretábamos el botón de parada y cogíamos nuestras cosas. Llegamos justo a tiempo a la puerta para el momento en que el conductor se paraba en Isberget ya que varios chicos iban a subir al autobús, pero el conductor no quiso abrir la puerta de atrás para que bajáramos. Nuestra parada en la 257 es la última en Lambohov (lo contrario que en la ruta diurna del 12 que es la segunda en un sentido y penúltima en el otro) y luego va directamente hasta la universidad a 1 km de distancia. Por lo que sentimos una profunda sensación de pánico ante la posibilidad muy real de tener que andar todo esa distancia a -3 grados con la gran cantidad de peso que llevábamos. Eso y ser de fuera hizo que no supiéramos como reaccionar para pedirle al conductor que abriera la puerta y la sensación de impotencia se adueñó de nosotros.
En ese momento usted se convirtió en nuestra salvadora, se dio cuenta de toda la situación (estoy segura que esta harta de cruzarse con el resto de Erasmus que viven en esa misma parada) y salió corriendo por el pasillo para hablar con el conductor y hacerle entrar en razón. No sé que le dijo pero funcionó y pudimos bajar a 40 metros de la parada con todas nuestras cosas mientras decíamos! tack!.
Usted volvió a su asiento pasando cerca de la puerta y me levantó la mano con una sonrisa, intenté responderle en señal del profundísimo agradecimiento que sentía en ese momento pero no tenía ninguna mano libre y Lorena la bajar a la carretera se acababa de torcer el tobillo, así que no pude esbozar más que una sonrisa. Creo que esta entre mi cansancio y mi nerviosismo no pudo reflejar lo mucho que le agradecemos su ayuda, así que espero que después de describirle todo se haga una mejor idea de lo mucho que se lo agradecemos.
tack så mycket!













